: nombre artístico, por supuesto
y así empieza mi relato –
a mis dieciocho años, me tatué un símbolo que diseñé durante los dos anteriores y por intuición;
digamos que me auto susurré a mi cerviz, con destreza, aquello que me dejaría marca en esta vida,
y bajo ella me dibujó, una aguja, esa pisada en negro.
era exquisitamente sencillo: una alabeada S con una K volteada 90º hacia abajo.
así es: parecía la kundalini; una serpiente alada.
y no: no tenía conocimiento alguno, sobre ella, a esa edad.
entonces, ¿por qué esas dos letras?
seguimos con la sencillez, pues en mi mente aparecieron las iniciales de dos palabras: Star Key.
ya sabía yo que esas bolitas de luz parpadeante me liberarían:
me alarían y me abrirían la jaula para que aprendiera a volar,
pero no fui consciente, en ese dulce estado de mi adolescencia, de la manifestación que tomaría lugar
casi una década después.
¡claro que siempre supe del horóscopo!
yo me divertía hojeando la súper pop,
pero ¡aquello no tiene punto de comparación con la vastedad de la astrología!
y siempre necesité esa infinidad en la que poder bucear:
mi luna es pisciana y vive en la casa XII.
con lo que aquí me tienen:
una soñadora que alcanzó aterrizar su celestial fantasía, casi por accidente.

#veranodel19 by @cgarralaga
